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30 de junio de 2020

#VeranoMisión, ¿por qué no?

#VeranoMisión, ¿por qué no?


En estas fechas suelen empezar los preparativos para las experiencias misioneras de verano de los jóvenes e incluso algunos ya salen. Este año será imposible viajar, lo que no quita nada del espíritu misionero de los jóvenes.

El impulso misionero nunca se detiene y busca con creatividad el servir siempre en la misión de nuevas maneras. Éstas son algunas de las iniciativas que han tenido para este verano los jóvenes que iban a participar en alguna experiencia misionera de verano que ha tenido que ser cancelada.

La Delegación de Misiones de Valencia cuenta que va a organizar un encuentro de jóvenes misioneros en el Seminario mayor de Moncada el 11 de julio. Por lo que respecta a los grupos de jóvenes, también le constan tres iniciativas. Una de varias de las jóvenes que han estado en Honduras, en La Lima (San Pedro Sula), hace algunos meses y han creado la asociación Luma para colaborar con la misión que las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús y María desarrollan allí, principalmente a través de la contratación de un psicólogo. Este verano pretenden llegar a más gente puesto que, ya que no pueden acudir, sí puedan seguir colaborando. Luego, el grupo que estuvo el pasado verano en Xai-Xai (Mozambique) con el mercedario Juan Carlos Cabrera está organizando una carrera solidaria para recaudar fondos con para poder mandar a las Casas de Criança que mantienen allí. Por último, los jóvenes de proyecto Ontupaia continúan una campaña de “Crowdfunding” para recaudar fondos para el barrio que les da nombre, situado en Nacala (Mozambique).

Desde la Delegación de Misiones de Tarragona informan de la situación de Aula Compartida. Éste es un proyecto entre profesores y direcciones de las seis Escuelas Diocesanas de Tarragona y dos escuelas de la diócesis de Trujillo (Honduras). La Delegación mantiene relación con una cuarentena de maestros desde Honduras con una plataforma online que les permite seguir uno de los cuatro cursos organizados por los maestros de las Escuelas Diocesanas de Tarragona. El proyecto Aula Compartida ha tenido que ser replanteado, dadas las actuales circunstancias de pandemia global. Tras conversar con la responsable del Proyecto en Honduras se ha llegado a un acuerdo para dar continuidad al proyecto. Se anula el viaje a Honduras de este verano y se continuará la formación de los cursos que pidieron las direcciones de cada una de las escuelas hondureñas. Las formaciones tendrán dos partes: La primera parte consiste en el envío de unos documentos que servirán de introducción para cada uno de los cursos. La segunda parte de las formaciones comenzará el día 8 de junio con una reunión por video-llamada de los tutores de cada curso. En esta reunión se compartirá las dudas de los docentes hondureños y se organizará la continuación de las formaciones.

Juventud y Familia Misionera tenía planeado ir este verano de misión a México y a Guinea Ecuatorial. Por la situación del COVID se ha cancelado todo y se ha enfocado la misión en España para ayudar con voluntarios y donativos a la Fundación Altius durante el mes de junio y las dos primeras semanas de julio. Se van a repartir kits de comida y alimentación a las familias necesitadas. La Fundación atiende semanalmente a 5000 familias que no tienen dinero para comprar una cesta de comida.

Los jóvenes que iban a marchar de #VeranoMisión desde la Delegación de Misiones de Lérida están en contacto con la Delegación a través de un grupo de whatsapp. Por medio de él se les va informando de la situación de Guatemala, donde iban a realizar la experiencia. También se les comparte el proyecto, fotos e informaciones que envía el misionero que está allí y de la congregación. Además se les mantiene informados de las acciones que realiza el grupo que se fue el verano pasado, que está más en contacto con el proyecto. Se ha conseguido enviar varios donativos, algunos privados y otros conseguidos en alguna feria solidaria, porque también hay voluntarios que hacen pulseras y con la venta se obtienen donativos. La comida solidaria que se tenía prevista ha tenido que ser cancelada. Este grupo de jóvenes que fue el año pasado está construyendo un reto: una página web para poder recoger dinero para alimentos, ya que ha llegado a la Delegación una petición de alimentos pues empiezan a tener problemas para poder dar de comer a todos los niños que tienen.

25 de junio de 2020

Mascarillas para visibilizar la tarea misionera en la crisis sanitaria

Mascarillas para visibilizar la tarea misionera en la crisis sanitaria


La pandemia del coronavirus se está extendiendo en la mayoría de países de África, Asia, Oceanía y América. Los misioneros han dado la voz de alarma, pues no se trata solo de una crisis sanitaria, sino que ya se está sufriendo una fuerte crisis social y el hambre está generando muchísima necesidad.

Con el deseo de visibilizar el trabajo de los misioneros en la pandemia del COVID-19, OMP España está distribuyendo mascarillas africanas, hechas en Togo, a jóvenes que han hecho experiencias misioneras, a periodistas e influencers. Se les pide unirse al Papa y al Fondo de Emergencia de OMP con un simple gesto de apoyo: poniéndosela y haciéndose una fotografía en las redes sociales, con el hashtag #AhoraMásQueNunca.

Se trata de una iniciativa de apoyo a los misioneros, que busca sacar a la luz la realidad que esta pandemia está provocando en los 1.111 Territorios de Misión, a los que sale en ayuda el Fondo de Emergencia de OMP.

23 de junio de 2020

Jesús quiere estar con ellos

Jesús quiere estar con ellos


Cada día, 37.000 personas empiezan a vivir como refugiados. Se llama refugiado a quien ha huido de su casa por una guerra o un conflicto y sale de su país hacia un lugar en el que sentirse a salvo. Jesús, que vivió lo mismo, quiere estar cerca de ellos y muchos misioneros están ¡en marcha! para ayudarle en esta tarea.


Dónde encontrarán refugio

Mientras esperan poder regresar a sus pueblos estas personas necesitan encontrar refugio, alguien que les acoja y un poco de ayuda para sobrevivir. Algunos lo encuentran con familiares que ya viven en otro país. Otros consiguen una casa o albergue en países que les acogen y acompañan. Pero hay otros muchos que, además de la pena y el dolor de haber tenido que dejar su hogar, a menudo se encuentran con que no son bien recibidos allí donde ellos esperaban encontrar protección.

Los campos de refugiados

Cuando salen de su tierra, muchos llegan a lugares remotos donde la vida es difícil o a países en los que, en vez de reconocer su necesidad y ayudarles, les ponen dificultades. Entonces solo tienen la opción de solicitar refugio en “campos de refugiados” que son terrenos, más o menos organizados, en los que tendrán un espacio para vivir durante un tiempo. Allí les ofrecerán lonas y algo de material para construir su “nueva casa”. Si tienen suerte y llegan a un campo bien organizado, también recibirán mantas, asistencia médica y un poco de alimento.

Hay que empezar de nuevo

Pero sea donde sea, la vida para alguien refugiado no es nada fácil. Tendrá que empezar a vivir en un lugar nuevo pero sin tener de nada. Los niños quizá consigan volver a estudiar y adaptarse en una nueva escuela. Y sus padres, intentarán conseguir todo lo necesario para el día a día de una familia: comida, ollas, camas y colchones, jabón… Pero también se esforzarán para encontrar algo en lo que trabajar y así poder comprar comida o ropa…

¿Quién les ayuda?

El número de personas refugiadas no para de crecer, pero Gracias a Dios, también crece la generosidad en muchos países -algunos de ellos muy pobres- que deciden acogerles. Hay muchísimas personas y organizaciones socorriéndoles y ayudándoles en todo el mundo; entre ellas, está la Iglesia y muchos misioneros que lo están dando todo para acompañarles y cuidarles.

18 de junio de 2020

El obispo de Luena agradece las ayudas que “alivian nuestro sufrimiento”

El obispo de Luena agradece las ayudas que “alivian nuestro sufrimiento”


Ante la llegada de la pandemia a América, Asia y África, Roma sigue recibiendo estos dís numerosas peticiones de ayuda de los territorios de misión, que son atendidas por el Fondo de Emergencia de Obras Misionales Pontificias (OMP) COVID-19, que el Papa abrió con una aportación personal el pasado 6 de abril. El obispo de Luena (Angola), monseñor Jesús Tirso Blanco dice que estas ayudas alivian su sufrimiento y “refuerzan los lazos de amor entre los cristianos”.


El misionero salesiano de origen argentino, monseñor Jesús Tirso Blanco, es el obispo de Luena desde 2007, aunque lleva en Angola más de 30 años. El obispo teme la llegada del coronavirus a una diócesis que apenas cuenta con un médico cada 13.000km2. Luena fue una duramente azotada por la guerra civil en Angola; es una de las diócesis más grandes del continente africano, con un tamaño casi similar a la mitad de España (223.000km2), y su población vive sin acceso al agua potable.

La distribución del agua en la diócesis ‒que es un problema crónico‒ es devastador con el COVID-19. Muchas familias no tienen agua en sus casas, lo que impide el lavado de manos, una de las medidas esenciales para evitar contagios. Además, debido a la falta de comunicación interprovincial, muchos productos necesarios “han duplicado su precio”. Esto, unido al desempleo, está creando serias dificultades para que la gente pueda alimentarse y la situación se está haciendo “dramática”. Para afrontar esta situación, gran parte de la población ha comenzado a plantar “mandioca y maíz, porque nos damos cuenta de que si no, no sobreviviremos en los próximos meses”.

A lo largo de estos años, la Iglesia católica ha construido muchos pozos de agua que ahora permiten llevar agua a diversos puntos de la provincia. El obispo explica que están también “distribuyendo jabón y baldes de agua para la higiene en los lugares de mayor presencia de personas” y “llevando agua en una moto, con un tanque, a 80 familias donde hay gente que no puede caminar, o que tiene serias dificultades para ir a recoger el agua”.

Asimismo, la Iglesia está impulsando, al sur de la diócesis, un proyecto agrícola en una zona de sequías. ”En vez de distribuir comida directamente, ayudamos a que ellos mismos puedan superar y encontrar nuevas técnicas de agricultura que les ayude a superar estos momentos de crisis”, explica. Por otro lado, “los boy scout de la diocesis con Cáritas han llevado comida a todos los grupos de chicos de la calle que están presentes en nuestra ciudad”.

Además, incluso con los tempos cerrados, la Iglesia ha seguido ofreciendo alimento y ayuda espiritual, creando espacios nuevos para anunciar el Evangelio.

El obispo salesiano agradece al Papa la iniciativa del Fondo de Emergencia y el apoyo ordinario de OMP a lo largo de todo el año, especialmente el de España, sin el cual, diócesis como la de Luena (prácticamente destruida durante la guerra) no podrían sostenerse. “Estas ayudas por una parte alivian nuestro sufrimiento, y refuerzan los lazos de amistad y de amor entre todos aquellos que llevamos el nombre de cristianos”, subraya el prelado.

17 de junio de 2020

Formación virtual misionera: oportunidad para los amantes de la misión

Formación virtual misionera: oportunidad para los amantes de la misión


La Escuela de Formación Misionera lanza esta propuesta adaptada a las condiciones especiales de este año, pero que recoge la experiencia atesorada por esta escuela desde 1991, cuando se puso en marcha. Se trata de un curso dirigido a congregaciones religiosas, institutos misioneros, asociaciones laicales, sacerdotes diocesanos o laicos comprometidos con la misión que busquen una formación permanente y actualizada. Entre sus destinatarios están también misioneros en periodo de renovación y actualización y agentes de pastoral que llegan a España y se insertan como tales. En definitiva, mujeres y hombres llamados a compartir la fe más allá de las fronteras o también en España, pero que buscan que la misión universal esté siempre presente en su actividad pastoral.

La Formación Virtual Misionera 2020, al ser un curso online, será una oportunidad de formación para las delegaciones diocesanas de misiones y a parroquias y arciprestazgos, sin tener que salir de casa, y dedicando sólo dos horas, de 16:00h a 18:00h, los martes y los jueves, en los meses de septiembre a diciembre. Única exigencia: que el alumno disponga de buena conexión a internet.

La Escuela de Formación Misionera cuenta con el respaldo de las siguientes instituciones: las Obras Misionales Pontificias, CONFER, IEME, OCSHA, ISCAM, OCASHA-Ccs, Comisión Episcopal de Misiones, Coordinadora de Laicado Misionero y La Salle ARLEP. La inscripción se puede realizar en la página de la Escuela de Formación Misionera, rellenando la ficha que en ella se presenta, a través de correo electrónico esformis@hotmail.com, o por teléfono en horario de oficina en el 91 725 00 30.

Consulta el programa del curso aquí.

10 de junio de 2020

Ayuda del Fondo de Emergencia OMP a Guinea-Conakry

Ayuda del Fondo de Emergencia OMP a Guinea-Conakry
La diócesis de Kankan es una de las tres diócesis de este pequeño país de África occidental, una zona que está sufriendo especialmente la situación de cuarentena y falta de actividad económica, dada la situación precaria en que ya se encontraban antes de la pandemia. Esta diócesis de Guinea – lo de Conakry, la capital, lo ponemos los extranjeros para distinguir las distintas “Guineas” –, que cuenta con 125.000 fieles, limita con Mali, Sierra Leona y Liberia, países cuyas historias recientes han sido luctuosas. Su obispo, Mons. Emmanuel Felemou, siempre ha mostrado su agradecimiento por el apoyo que recibe de las Obras Misionales Pontificias año tras año, y considera que la generosidad de los católicos españoles y de otras partes del mundo que hacen posible este apoyo, son “piedras vivas en la edificación y el fortalecimiento de la fe en mi diócesis”.

En su petición de ayuda al Fondo de Emergencia de las Obras Misionales Pontificias para el coronavirus, Mons. Felemou hace referencia a la situación de desamparo que está afectando a tantas personas de Kankan, que se preguntan qué será de ellos, cuál será su destino. La Iglesia hace todo lo que puede.

Ya mucho antes de esta crisis, como deben saber, explicaba Mons. Felemou, nuestros cristianos vivían en condiciones económicas de prácticamente miseria. Ahora la situación se vuelve cada vez más preocupante: “La mayoría de nuestros cristianos son campesinos. Trabajan duro, a través de pequeñas empresas, campos de arroz, pequeños comercios en el sector informal. Y hay algunos funcionarios: monitores en las guarderías, maestras y maestros en las escuelas primarias, enfermeras en los dispensarios, etc., que esperan su pequeño sueldo para satisfacer sus necesidades alimentarias”. Es para estar junto a ellos para lo que se ha destinado la ayuda de las Obras Misionales. Las normas emitidas para combatir la pandemia han llevado a un aumento en los precios de los alimentos y del transporte, mientras que el cierre de iglesias y actividades pastorales ha sido un duro golpe que pone en peligro la vida de fe. De hecho, las comunidades necesitan una presencia regular de sacerdotes, religiosos y religiosas que estén a su lado.

Muchas parroquias, verdaderos centros de ayuda económica, apoyo educativo y, sobre todo, de esperanza en medio de tantas dificultades, han sido fruto de la colaboración económica de las Obras Misionales Pontificias. La parroquia de San Francisco Javier en Faranah, la de San Luis en Kissidougou o la de Santa Teresa del Niño Jesús de Sogbé, son sólo tres ejemplos de iglesias construidas con las manos de los fieles de Guinea-Conakry y el compartir como familia de Dios de tantos fieles de todo el mundo. Ahora la cercanía y el consuelo a los más necesitados pasa por esta red de parroquias y de comunidades que de ellas dependen.

8 de junio de 2020

“Aquí estoy, mándame”: jóvenes y misión en la crisis actual

“Aquí estoy, mándame”: jóvenes y misión en la crisis actual

“«Aquí estoy, mándame» (Is 6,8). Es la respuesta siempre nueva a la pregunta del Señor: «¿A quién enviaré?» (ibíd.). Esta llamada viene del corazón de Dios, de su misericordia que interpela tanto a la Iglesia como a la humanidad en la actual crisis mundial”; son palabras de Francisco en el mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2020 publicado el domingo de Pentecostés.

Cada palabra del texto del profeta Isaías tiene en sí misma una tremenda profundidad; es el resumen de toda vocación divina y respuesta humana. Además, estos aspectos de la vocación se evocan en el mensaje del Papa: Aquí hace referencia a “la actual crisis mundial”, al “hoy de la Iglesia y de la historia”; estoy es la conciencia de que “la vida constituye ya una invitación implícita a entrar en la dinámica de la entrega de sí mismo”; mándame, por último, es “la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo”. Pues, como dice el Santo Padre, “Dios continúa buscando a quién enviar al mundo y a cada pueblo, para testimoniar su amor, su salvación del pecado y la muerte, su liberación del mal (cf. Mt 9,35-38; Lc 10,1-12)”.

En su mensaje, el Papa propone continuar el programa impulsado por el Mes Misionero Extraordinario que se recogía en el lema: “Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo”. Este programa coincide con el de todo su pontificado: “la conversión misionera”. Para ser real tiene que darse en las concretas circunstancias que estamos viviendo todos, “la actual crisis mundial”. El Papa las ve como una interpelación desde la realidad que se convierte en una propuesta de salida misionera. En este contexto, se da “la llamada a la misión, la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo […] La misión que Dios nos confía a cada uno nos hace pasar del yo temeroso y encerrado al yo reencontrado y renovado por el don de sí mismo”. Porque el origen de la misión está en la cruz; en ella “se cumple la misión de Jesús”, se manifiesta el amor de Dios que nos amó primero, enviando a su Hijo: “Él es Amor en un movimiento perenne de misión, siempre saliendo de sí mismo para dar vida”.

Jesús con su amor nos atrae y su Espíritu “anima a la Iglesia, nos hace discípulos de Cristo y nos envía en misión al mundo y a todos los pueblos”. Así toda la vida cristiana se entiende como vocación: “Dios siempre nos ama primero y con este amor nos encuentra y nos llama”. Para el Papa la vocación tiene su origen en la dignidad humana: “Haber recibido gratuitamente la vida constituye ya una invitación implícita a entrar en la dinámica de la entrega de sí mismo”. Por el bautismo esta semilla madura “como respuesta de amor en el matrimonio y en la virginidad por el Reino de Dios”, ya que “la vida humana nace del amor de Dios, crece en el amor y tiende hacia el amor”.

“La misión es una respuesta libre y consciente a la llamada de Dios”, si bien la llamada a salir, a la misión, solo se percibe cuando vivimos “una relación personal de amor con Jesús vivo en su Iglesia”. Por eso el Papa lanza estas 3 preguntas: “¿Estamos listos para recibir la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida?”; ¿Estamos dispuestos a ser enviados a cualquier lugar para dar testimonio de nuestra fe en Dios?”; ¿Estamos prontos, como María, Madre de Jesús, para ponernos al servicio de la voluntad de Dios sin condiciones (cf. Lc 1,38)? La respuesta tiene que darse “en el hoy de la Iglesia y de la historia” por medio de los cuales Dios nos habla y se convierten en “un desafío para la misión de la Iglesia”.

«Aquí estoy, mándame» (Is 6,8). Es la respuesta siempre nueva a la pregunta del Señor: «¿A quién enviaré?» (ibíd.)”. El mensaje del Papa recoge elocuentemente la preocupación de Dios de encontrar “a quién enviar al mundo y a cada pueblo” y la necesidad de la respuesta a la misión de cada bautizado. La crisis actual de la pandemia nos ha hecho “experimentar nuestra fragilidad humana; pero al mismo tiempo todos somos conscientes de que compartimos un fuerte deseo de vida y de liberación del mal”. La invitación del Papa en su mensaje es a experimentar la vida como una vocación que viene de Dios y se concreta en la misión de servicio a los demás. En estas circunstancias que no podemos eludir el cuestionamiento que el Papa nos dirige para escuchar a Dios y responder con todo el corazón:
¿Cómo vivo la crisis mundial? ¿Estoy preocupado solo por mí mismo o siento la angustia, el dolor y la tragedia de mis hermanos?
¿Qué hago con la vida que he recibido gratuitamente? ¿Respondo a Dios desde el amor? ¿Me doy a los demás?
¿Estoy listo para sentir al Espíritu? ¿Estoy dispuesto a ser enviado? ¿Estoy pronto para servir a la voluntad de Dios?

Muchos jóvenes ya se han sentido interpelados por la realidad “en la vida ordinaria de todos los días” y han respondido a Dios con creatividad misionera; en medio de los acontecimientos que tenemos que vivir, “es posible vivir la misión si le pedimos a Jesús que nos ayude a ‘discernir y encontrar el pulso del Espíritu’ que sin lugar a duda nos llevará a ser misioneros”, aunque no salgamos a una experiencia de #VeranoMisión. El mensaje de Francisco tiene especial importancia para los jóvenes, porque nos anima a ser misioneros, a seguir saliendo para testimoniar el amor de Dios, su salvación y su liberación.

Con este mensaje, Francisco también nos deja un precioso programa de pastoral vocacional misionera, sea “en la vía del matrimonio como de la virginidad consagrada o del sacerdocio ordenado”, con la disponibilidad “a ser enviados a cualquier lugar” y ponerse “al servicio de la voluntad de Dios sin condiciones (cf. Lc 1,38)”. Como resume el Papa: “Esta disponibilidad interior es muy importante para poder responder a Dios: ‘Aquí estoy, Señor, mándame’”.

4 de junio de 2020

OMP responde a la petición de ayuda de Kenema

OMP responde a la petición de ayuda de Kenema


El Fondo de Emergencia de las Obras Misionales Pontificias ha respondido a la petición de ayuda de Mons. Henry Aruna, obispo de Kenema, Sierra Leona, un lugar donde la gente vive “hand to mouth basis”, cada día comen de lo que ganan en la jornada. Ya lo habían apuntado varios misioneros desde África: “el hambre, que es la que más mata gente en el mundo, será más mortal que el coronavirus”, decía uno de ellos. Las ayudas que están haciendo llegar las Obras Misionales Pontificias a Kenema van dirigidas al sostenimiento de sacerdotes y religiosas, pero sobre todo para comprar comida para familias desesperadas.

La Iglesia en Kenema ha hecho un gran esfuerzo para concienciar a la población en las comunidades y parroquias, animar a tomar medidas de protección y proveer de alimentos y asistencia médica a muchas personas necesitadas. La diócesis está en una zona rural del este de Sierra Leona, en donde hay 16 parroquias, con 23 religiosas y 26 sacerdotes, locales y misioneros. La economía de la zona se basa en cultivos de subsistencia. La misma diócesis a la que todos los años ayudan las Obras Misionales Pontificias, había puesto en marcha un programa de varias etapas para no depender tanto de las ayudas que llegan de fuera, pero la pandemia lo ha vuelto papel mojado.

Es muy difícil controlar la situación porque como dice el mismo obispo de Kenema en su carta de petición: “muchos hogares están sobrepoblados, los vehículos están sobrecargados, la mayoría de las motocicletas llevan más de dos pasajeros, las personas se siguen abrazando y los niños siguen jugando en los patios”. La mayoría de los fieles de Kenema viven “on hand to mouth basis”, “en base de la mano a la boca”, comen lo que ganan cada día. Si un día no ganan nada, no comen. La diócesis apenas logra salir al paso a las muchísimas necesidades que surgen.

Las Obras Misionales Pontificias agradecen por ello la generosidad de tantas personas en el mundo que han apoyado el Fondo de Emergencia Internacional, creado por el Papa Francisco a través de Obras Misionales Pontificias, una ayuda que ya está llegando a las comunidades afectadas en los países de misión a través de las estructuras e instituciones de la Iglesia, que nunca, ni en guerras ni en crisis, han abandonado a la gente.

1 de junio de 2020

Mensaje del Papa para el DOMUND: La misión en tiempos de pandemia

Mensaje del Papa para el DOMUND: La misión en tiempos de pandemia

El Papa Francisco publicaba ayer, Solemnidad de Pentecostés, el mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2020, en un momento en el que “la enfermedad, el sufrimiento, el miedo, el aislamiento nos interpelan” a nosotros y a la misión de la Iglesia. Como lema lleva la cita de Isaías: “Aquí estoy, mándame”.

“Queridos hermanos y hermanas: Doy gracias a Dios por la dedicación con que se vivió en toda la Iglesia el Mes Misionero Extraordinario durante el pasado mes de octubre. Estoy seguro de que contribuyó a estimular la conversión misionera de muchas comunidades, a través del camino indicado por el tema: ‘Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo’.

En este año, marcado por los sufrimientos y desafíos causados por la pandemia del COVID-19, este camino misionero de toda la Iglesia continúa a la luz de la palabra que encontramos en el relato de la vocación del profeta Isaías: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,8). Es la respuesta siempre nueva a la pregunta del Señor: «¿A quién enviaré?» (ibíd.). Esta llamada viene del corazón de Dios, de su misericordia que interpela tanto a la Iglesia como a la humanidad en la actual crisis mundial. «Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: ‘perecemos’, también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos» (Meditación en la Plaza San Pietro, 27 marzo 2020). Estamos realmente asustados, desorientados y atemorizados. El dolor y la muerte nos hacen experimentar nuestra fragilidad humana; pero al mismo tiempo todos somos conscientes de que compartimos un fuerte deseo de vida y de liberación del mal. En este contexto, la llamada a la misión, la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo se presenta como una oportunidad para compartir, servir e interceder. La misión que Dios nos confía a cada uno nos hace pasar del yo temeroso y encerrado al yo reencontrado y renovado por el don de sí mismo.

En el sacrificio de la cruz, donde se cumple la misión de Jesús, Dios revela que su amor es para todos y cada uno de nosotros. Y nos pide nuestra disponibilidad personal para ser enviados, porque Él es Amor en un movimiento perenne de misión, siempre saliendo de sí mismo para dar vida. Por amor a los hombres, Dios Padre envió a su Hijo Jesús. Jesús es el Misionero del Padre: su Persona y su obra están en total obediencia a la voluntad del Padre. A su vez, Jesús, crucificado y resucitado por nosotros, nos atrae en su movimiento de amor; con su propio Espíritu, que anima a la Iglesia, nos hace discípulos de Cristo y nos envía en misión al mundo y a todos los pueblos.

«La misión, la “Iglesia en salida” no es un programa, una intención que se logra mediante un esfuerzo de voluntad. Es Cristo quien saca a la Iglesia de sí misma. En la misión de anunciar el Evangelio, te mueves porque el Espíritu te empuja y te trae» (Sin Él no podemos hacer nada, LEV-San Pablo, 2019, 16-17). Dios siempre nos ama primero y con este amor nos encuentra y nos llama. Nuestra vocación personal viene del hecho de que somos hijos e hijas de Dios en la Iglesia, su familia, hermanos y hermanas en esa caridad que Jesús nos testimonia. Sin embargo, todos tienen una dignidad humana fundada en la llamada divina a ser hijos de Dios, para convertirse por medio del sacramento del bautismo y por la libertad de la fe en lo que son desde siempre en el corazón de Dios.

Haber recibido gratuitamente la vida constituye ya una invitación implícita a entrar en la dinámica de la entrega de sí mismo: una semilla que madurará en los bautizados, como respuesta de amor en el matrimonio y en la virginidad por el Reino de Dios. La vida humana nace del amor de Dios, crece en el amor y tiende hacia el amor. Nadie está excluido del amor de Dios, y en el santo sacrificio de Jesús, el Hijo en la cruz, Dios venció el pecado y la muerte. Para Dios, el mal —incluso el pecado— se convierte en un desafío para amar y amar cada vez más. Por ello, en el misterio pascual, la misericordia divina cura la herida original de la humanidad y se derrama sobre todo el universo. La Iglesia, sacramento universal del amor de Dios para el mundo, continúa la misión de Jesús en la historia y nos envía por doquier para que, a través de nuestro testimonio de fe y el anuncio del Evangelio, Dios siga manifestando su amor y pueda tocar y transformar corazones, mentes, cuerpos, sociedades y culturas, en todo lugar y tiempo.

La misión es una respuesta libre y consciente a la llamada de Dios, pero podemos percibirla sólo cuando vivimos una relación personal de amor con Jesús vivo en su Iglesia. Preguntémonos: ¿Estamos listos para recibir la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, para escuchar la llamada a la misión, tanto en la vía del matrimonio como de la virginidad consagrada o del sacerdocio ordenado, como también en la vida ordinaria de todos los días? ¿Estamos dispuestos a ser enviados a cualquier lugar para dar testimonio de nuestra fe en Dios, Padre misericordioso, para proclamar el Evangelio de salvación de Jesucristo, para compartir la vida divina del Espíritu Santo en la edificación de la Iglesia? ¿Estamos prontos, como María, Madre de Jesús, para ponernos al servicio de la voluntad de Dios sin condiciones? Esta disponibilidad interior es muy importante para poder responder a Dios: ‘Aquí estoy, Señor, mándame’. Y todo esto no en abstracto, sino en el hoy de la Iglesia y de la historia.

Comprender lo que Dios nos está diciendo en estos tiempos de pandemia también se convierte en un desafío para la misión de la Iglesia. La enfermedad, el sufrimiento, el miedo, el aislamiento nos interpelan. Nos cuestiona la pobreza de los que mueren solos, de los desahuciados, de los que pierden sus empleos y salarios, de los que no tienen hogar ni comida. Ahora, que tenemos la obligación de mantener la distancia física y de permanecer en casa, estamos invitados a redescubrir que necesitamos relaciones sociales, y también la relación comunitaria con Dios. Lejos de aumentar la desconfianza y la indiferencia, esta condición debería hacernos más atentos a nuestra forma de relacionarnos con los demás. Y la oración, mediante la cual Dios toca y mueve nuestro corazón, nos abre a las necesidades de amor, dignidad y libertad de nuestros hermanos, así como al cuidado de toda la creación. La imposibilidad de reunirnos como Iglesia para celebrar la Eucaristía nos ha hecho compartir la condición de muchas comunidades cristianas que no pueden celebrar la Misa cada domingo. En este contexto, la pregunta que Dios hace: «¿A quién voy a enviar?», se renueva y espera nuestra respuesta generosa y convencida: «¡Aquí estoy, mándame!» (Is 6,8). Dios continúa buscando a quién enviar al mundo y a cada pueblo, para testimoniar su amor, su salvación del pecado y la muerte, su liberación del mal.

La celebración la Jornada Mundial de la Misión también significa reafirmar cómo la oración, la reflexión y la ayuda material de sus ofrendas son oportunidades para participar activamente en la misión de Jesús en su Iglesia. La caridad, que se expresa en la colecta de las celebraciones litúrgicas del tercer domingo de octubre, tiene como objetivo apoyar la tarea misionera realizada en mi nombre por las Obras Misionales Pontificias, para hacer frente a las necesidades espirituales y materiales de los pueblos y las iglesias del mundo entero y para la salvación de todos.

Que la Bienaventurada Virgen María, Estrella de la evangelización y Consuelo de los afligidos, Discípula misionera de su Hijo Jesús, continúe intercediendo por nosotros y sosteniéndonos. Roma, San Juan de Letrán, 31 de mayo de 2020, Solemnidad de Pentecostés”.

29 de mayo de 2020

El Fondo de Emergencia de OMP ayuda a los que ayudan en Cape Palmas

El Fondo de Emergencia de OMP ayuda a los que ayudan en Cape Palmas



La ayuda llegada a la diócesis de Cape Palmas ha ido a ayudar a sacerdotes, religiosas y agentes pastorales a sobrevivir a la pandemia; viven al día en su cercanía al pueblo liberiano al que sirven. El mismo obispo de la diócesis, Mons. Andrew Karnley, solicitaba ayuda ante la situación que se vive en Cape Palmas. Esta diócesis se encuentra en el sureste de Liberia y cubre cinco de los quince condados en que está dividido el país. Es un área de 14.000 kilómetros cuadrados en la que viven cuatrocientas mil personas. La gente se dedica a la agricultura de subsistencia y a la pesca a pequeña escala a lo largo de la costa. A través de las 15 parroquias y de los innumerables puestos misioneros que dependen de ellas se han intentado ayudar a la gente, pero lo cierto es que los sacerdotes y las religiosas, tampoco tienen medios de subsistencia.

Precisamente fue este uno de los fines para los que se creó el Fondo de Emergencia de las Obras Misionales Pontificias, para ayudar a los que ayudan. En los cinco condados de la diócesis se ha informado de casos de covid-19. El sistema de salud es prácticamente inexistente, si se compara con países como España o Italia. En el sur del país no hay laboratorios y para certificar si un caso es positivo se debe enviar la muestra a Monrovia, a 640 kilómetros de distancia por carretera, en un viaje que puede tardar, en el mejor de los casos, más de 12 horas. La diócesis de Cape Palmas se encuentra situada a lo largo de la larga frontera de Liberia con Costa de Marfil. Aunque ambos países han cerrados sus fronteras, todavía hay movimientos de personas que pasan a través de una línea fronteriza apenas definida. Desde la Iglesia se intenta por todos los medios que la gente tome precauciones y evite en la manera de lo posible el contagio, pero es muy difícil.

Aún así, la preocupación de Mons. Andrew Karnley, al pedir ayuda para su diócesis, es más por el futuro. A medida que se acerca la temporada de lluvias en Liberia, los cinco condados que constituyen la diócesis de Cape Palmas experimentarán el problema que llevan sufriendo año tras año: se quedarán aislados del resto del país. Las carreteras se harán impracticables. Llevan años sin mantenimiento alguno. Esto hará imposible que los bienes y servicios entren y salgan de la región, así como el movimiento de personas. Una situación que siempre ha sido grave, pero que ahora con la cuarentena se vuelve dramática. La ayuda enviada y la que se le pueda hacer llegar más adelante les permitirán aprovisionarse para lo que se acerca.

28 de mayo de 2020

Próxima beatificación de Paulina Jaricot, una de las fundadoras de las OMP

Próxima beatificación de Paulina Jaricot, una de las fundadoras de las OMP


Entre otros decretos de diversas causas de beatificación y canonización, aprobados hoy por el Papa Francisco, está el del milagro atribuido a la intercesión de Paulina María Jaricot, fundadora de las Obra de la Propagación de la Fe. La aprobación de este milagro abre el camino de la beatificación para la quien ha sido una de las precursoras e impulsoras de la responsabilidad de los laicos en la misión Junto al decreto aprobado del milagro de Paulina, están también los decretos, entre otros, de Melchor María de Marion Brésillac, el obispo misionero que fundó la Sociedad de Misiones Africanas, del misionero franciscano Cosma Spessotto, asesinado en El Salvador, y de Charles de Foucauld, el apóstol de la humanidad de Jesús entre las dunas del Sáhara.

Paulina Jaricot fue una mujer laica francesa que nunca sintió la vocación a la vida consagrada, en un contexto en el que parecía que quienes deseaban seguir a Jesucristo necesariamente tenían que emprender el camino de la consagración religiosa. Nacida el 22 de julio de 1799 en una familia de ricos industriales, Paulina recibió una buena educación cristiana. Tras varios acontecimientos personales y escuchar una predicación en la cuaresma de 1816, sufrió una transformación interior que cambiaría su vida, decidiendo vestirse como las obreras de Lyon por solidaridad con su pobreza. Decide igualmente, en un abandono total en Cristo, dedicarse a las misiones, informando de las necesidades de los misioneros y buscando su sostenimiento. Se empeñó en la tarea de formar un grupo de mujeres, que fue creciendo cada vez más, de trabajadoras de la fábrica dispuestas a rezar por las misiones y a entregar una parte de su paga para ayudarles en sus necesidades. La asociación se fue extendiendo entre gente humilde por toda Francia y así fue como, en 1822 nació oficialmente la Obra de la Propagación de la Fe, que pronto alcanzó a otros países. El impulso del Papa León XIII contribuyó de manera especial a su difusión universal. En 1922 Pío XI le concedió el título de Pontificia y, en España, es más conocida como DOMUND, en referencia al Domingo Mundial dedicado a las misiones que la Iglesia instituyó gracias a Paulina.

El milagro aprobado por el decreto del Papa Francisco tuvo lugar en 2012, en el 150 aniversario del nacimiento de Paulina. La pequeña Mayline Tran, de tres años, perdió el conocimiento debido a la asfixia por un mal tránsito de alimentos. La niña, hospitalizada en un estado desesperado tras la asfixia y una parada cardiovascular de 20 minutos, se consideraba perdida. A pesar de que se suspendió el tratamiento médico, la familia se negó a que se le retirara la asistencia vital artificial. Se hizo una novena a Paulina Jaricot, poco después, la niña se despierta, pero con daños cerebrales, y el pronóstico de estado vegetativo. Aún así, contra todo pronóstico, se curó totalmente. La curación fue sometida a un Tribunal Eclesiástico de la Archidiócesis de Lyon, del 20 de julio de 2018 al 28 de febrero de 2019. Sus actuaciones fueron envidadas la Congregación para las Causas de los Santos. La comisión médica validó la naturaleza inexplicable de la curación.