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26 de febrero de 2015

Protagonistas del Día de Hispanoamérica

Los misioneros y el Espíritu Santo son los protagonistas del Día de Hispanoamérica 2015, la jornada con la que cada año la Iglesia española renueva sus "vínculos de solidaridad, comunión y colaboración" con las Iglesias hermanas de América.


El Día de Hispanoamérica 2015 se celebra el 1 de marzo, bajo el lema "Evangelizadores con la fuerza del Espíritu". El año pasado, la colecta de este día permitió poner a disposición de los misioneros y misioneras españoles en América cerca de 65.000 euros, como siempre una pequeña gota de agua en un mar de necesidades.

9.000 misioneros españoles en América Latina. En esta diócesis hay dos sacerdotes misioneros:

Antonio García Castejón en Puerto Rico y Pablo Fernández Martos en Villarrica (Chile).


El misionero que aparece en el cartel bien pudiera ser cualquiera de los 9.000 misioneros españoles que evangelizan en “el continente de la esperanza”, COMO lo calificara en su día san Juan Pablo II. Trescientos de ellos llegaron un buen día a él de la mano de la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA), y allí siguen hoy, al pie del cañón, llevando la buena noticia del Evangelio a aquellos hermanos. La OCSHA es un organismo dependiente de la Comisión de Misiones de la Conferencia Episcopal Española, que fue creado en 1949 PARA canalizar el envío de sacerdotes diocesanos españoles a esas tierras. DESDE su puesta en marcha, han sido enviados desde ella ya más de 2.200 presbíteros.
A todos ellos, y a cuantos sacerdotes, religiosos y laicos misionan allí, se ha dirigido el cardenal Marc Ouellet en el mensaje que ha elaborado para la OCASIÓN como presidente de la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL). En su escrito, el purpurado canadiense empieza poragradecerles la labor que desempeñan, y tras enviarles “un abrazo fraterno” y sus oraciones, les recuerda, como ya hiciera el año pasado, que la alegría debe ser la señal de identidad de los misioneros, incluso cuando tengan que “sembrar entre lágrimas”. “Ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena NUEVA, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo”, escribe el cardenal Ouellet citando a Pablo VI.
Los misioneros, por tanto, son, como no podría ser de otra manera, los grandes protagonistas del Día de Hispanoamérica. En el mensaje de la PCAL se los califica de “manantial que refresca a sus hermanos” y de “instrumentos en manos del Espíritu”. Y este, el Espíritu Santo, es, precisamente, el otro gran protagonista. Y es que la misma fuerza que en Pentecostés hizo que los Apóstoles dejasen atrás el miedo y saliesen de sí mismos para convertirse en evangelizadores es la que alienta hoy a estos hombres y mujeres que han dejado atrás su tierra y una vida acomodada para partir al encuentro del hermano necesitado. “La propuesta que ofrece el lema de la jornada –dice en su mensaje el presidente de la PCAL– es fruto de la decidida confianza en el Espíritu Santo, que «acude en ayuda de nuestra debilidad» (Rom 8,26), para seguir impulsando una corriente evangelizadora marcada por esa alegría, más fervorosa, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa, promovida por «evangelizadores llenos de coraje, incansables en el anuncio y capaces de una gran resistencia ACTIVA» (EG 263)”.
El cardenal Ouellet insiste en que, COMO en el primer momento, los misioneros de hoy no acuden a evangelizar “por INICIATIVA propia o por otros motivos que no sean el anuncio del Evangelio”, sino que lo hacen porque Dios les da una “vocación que transforma su vida”. Y que es Dios, “el que da la vocación”, quien otorga “tanto la fuerza de emprender el camino [...] como la alegría del ANUNCIO”. Meros “instrumentos en manos del Espíritu”, los misioneros son conscientes y tienen la seguridad –escribe el cardenal– “de que no se perderá ninguno de sus esfuerzos realizados con amor, como no se pierde el amor de Dios; de que su TRABAJO dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo”. Para proclamar el Evangelio han de apoyarse, por ello –afirma–, “en la oración” y “en la audacia (parresía)”.

Sigue leyendo el artículo completo en:

José Ignacio RivarésRevista Misioneros Tercer, febrero 2015

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