Los niños son la sencillez y la acogida, la confianza y la entrega, sin ahorrarse nada, sin cálculos... la mirada de cada niño del vertedero de Ngong te hace recordar que Jesús está en los pequeños, en los humildes y te sorprendes deseando ser uno de ellos, anhelando confundirte en esa comunión que es Iglesia verdadera porque es fraternidad, es encuentro con personas que, antes de llegar, ya te estaban esperando.
Misión en familia
La misión en familia es doble misión. La familia, Iglesia doméstica, vuelve unida de la misión a la que han sido llamados. Los Reyes Magos fueron al Portal de Belén y al volver, regresaron “por otro camino”. Nada es igual, nada se mira igual. Cuando la familia entera comparte este cambio, los frutos se multiplican y se mantienen en el tiempo. Todos volvemos transformados de la Misión, por una realidad que hemos tenido la oportunidad de vivir en profundidad y juntos.
Dios en el centro
Las personas que hemos conocido en Ngong tienen a Dios en el centro y lo tienen de verdad. Las madres bendicen cada visita que reciben en sus casas como un regalo del Señor. Por eso, lo primero que hacen a nuestra llegada es rezar junto nosotros... y lo hacen de corazón, porque cada minuto cuenta para ellos. Bendicen la comida con solemnidad porque seguramente es la única del día y ni siquiera saben si mañana habrá más… no lo dan por hecho. Pero tampoco se preocupan. ¡Cada día tiene su propio afán! No dan nada por descontado, y por eso agradecen todo a Dios. Viven en el “sólo por hoy” de S. Juan XXIII. Y por eso son maestros y son misioneros más que misionados. Ser misioneros
Aprendamos a ser misioneros, ¡estemos dónde estemos!. El misionero no es el que “visita” una misión o vive una experiencia. El misionero es el que se introduce y vive entregado. Eso implica soltar amarras, aventurarse... pero sólo eso no es suficiente. También implica soltar lastre, despojarse… y descubrir que casi todo lo que considerabas imprescindible para vivir, no lo era. Y entonces descubres la libertad que te ofrece la misión, como camino de pobreza evangélica.
Mama ChaiMama Chai es una mujer que sobrevive junto a sus hijos vendiendo té (chai) en el vertedero de Ngong. En nuestra primera visita a su casa le mostramos nuestro pesar por las recientes inundaciones que habían arrasado su chabola. Ella nos miró sorprendida: “¿Cómo podría yo entristecerme por la inundación que se ha llevado mi chabola… si llevo semanas rezando y pidiéndole a Dios la lluvia que impida que se mueran los animales y nos quedemos sin comer?”. Yo quiero esa fe. Quiero la fe inquebrantable de Mama Chai.
En la Misión “lo urgente” deja de serlo y queda sólo lo importante. Cada conversación, cada catequesis, cada comida, cada encuentro… todo adquiere una trascendencia que sobrecoge, porque estamos con personas que miran al Cielo cada minuto. Dios es el centro de sus vidas y a Él agradecen cada detalle, lo bueno y lo malo. Porque Dios todo lo hace bien, aunque a veces no sepamos verlo desde nuestra limitada perspectiva. Esto lo saben bien nuestros amigos de Ngong y esto es lo que nos sigue interpelando en cada visita a la Misión.
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